FACULTAD DE HUMANIDADES

ESCUELA ACADÉMICO PROFESIONAL DE PSICOLOGÍA

  

 

Monografía

LA LOCURA

 

AUTOR:

v  FERNADEZ CRUZ, Diana Eloiza 

v  LEON AMAYA, Jorge Alexis 

 

 

ASESOR:

                                      CARDENAS ANGULO,Lenin 

 

LINEA DE INVESTIGACIÓN

PSICOLOGÍA SOCIAL

TRUJILLO – PERÚ

2012
 

 


Índice

  1.  Introducción: 
  2. Contenido:
    1. Historia de la locura hacia una definición 
    2. Definiciones
    3. La transformación del producto: de la herejía a la enfermedad
    4. El nuevo producto, la locura masturbadora
    5. La expulsión del mal
    6. La locura y el cambio social
    7. La locura reducida a enfermedad mental
    8. Conclusiones
    9.  Referencias Bibliográficas 

 

 

 

 

 

 

 

Introducción

 

 

En la presente monografía destacamos la locura desde otro punto de vista, no como acostumbramos oírla.

 

 

 

Plantea un nuevo concepto acerca de este tema y desecha conceptos antiguos.

 

 

 

A continuación veremos el desarrollo de nuestro tema teniendo como objetivo informar y enfocar nuestro concepto de locura hacia otra dirección.








 

 

 

 

 

 

Historia de la locura

Consideramos apropiado comenzar este trabajo realizando una revisión que dé cuenta de la historia de la locura. Esta fue variando en los diferentes momentos históricos, de acuerdo a la concepción que subyacía de la enfermedad mental en cada época.

Hasta el siglo XVI en Europa, la locura no estaba asociada al encierro, aunque sí diferenciada y separada de la vida social. Se la consideraba una “enfermedad del alma”. El loco formaba parte de la prosa del mundo, sobre todo durante el Renacimiento; “...su presencia en el arte, en el teatro, constituía un personaje habitual, asociado al humor y a la expresión inadecuada de verdades que otros ocultan.”[1] En este siglo, las enfermedades venéreas y la lepra, que afectaban a toda Europa, generaron una conciencia de exclusión social y encierro, que luego captará también a los locos.

La gran crisis económica de 1625 que se extendió por toda Europa, obligó a mendigos y pobres a deambular por las ciudades. Es en este contexto donde aparece lo que Foucault denomina “El Gran Encierro”, creándose grandes hospicios como respuesta a la crisis económica a través de las “instituciones de asistencia”. Esta relación de asistencia a los pobres, función que antes desempeñaba la Iglesia, dejará sentadas las bases, para que la medicina reproduzca su práctica como un tipo de relación asistencial.

Bajo esta lógica se encerró a vagabundos, pobres, prostitutas, homosexuales y locos, quienes eran considerados como “lo otro”, sin bienes ni derechos, por lo que el Estado y la Iglesia debían hacerse responsables de ellos. El sujeto de esta práctica es un sujeto moral, ya que dada su condición de indigente sólo le queda aceptar esa relación de asistencia.

En este tiempo del “gran encierro”, la división manufacturera del trabajo y la razón constituyen al hombre. Por lo tanto, el loco y los marginales, son inútiles, y como tales se los desecha del sistema productivo; ya que la razón se sitúa del lado del trabajo y la productividad. A partir de concebir al trabajo como humanizante, se entiende la doble operación del siglo XVIII: por un lado, se encierra a los que no trabajan, para evitar agitaciones y rebeldías sociales, mientras que por el otro, se intenta hacerlos trabajar con el objetivo de “resocializarlos” como mano de obra barata. Es así que el hospital general, como señala Galende, es transformado en fábrica.

“El capitalismo naciente, que en su normativización de la vida de los individuos impone sus condiciones de normalidad y error, encierra y excluye la locura junto con todo lo que en los márgenes de la nueva relación social, se transforma en deshecho inútil”.[2]

Fue a partir de Pinel que se trata de dilucidar si hay una línea divisoria entre “incurable/ curable”. Se construyen asilos para cada tipo: “curable/ agudo; incurable/ crónico”. Es a los incurables a los que se les da asilo, manteniendo un trato brutal que requiere del menor costo posible.

Con Esquirol, como fundador de la clínica psiquiátrica y de la medicina mental científica, el aislamiento se legitima, ya no como segregación y custodia, sino como tratamiento médico. Se produce una nueva concepción del daño subjetivo: la locura, pasa a tener estatuto de “enfermedad”. Se da un pasaje de la hegemonía que tenía la Iglesia y el Estado para legislar el espacio social de la enfermedad mental, a la medicina mental, que sería la disciplina hegemónica de la modernidad burguesa. El gran cambio en las prácticas terapéuticas se introduce por la medicalización de la relación de asistencia, pasando de lo que era un encierro compulsivo a un tratamiento obligatorio de los enfermos.

El asilo es el lugar de realización de las relaciones de poder que el discurso psiquiátrico instituye”.[3]

Después de la segunda guerra mundial, con el advenimiento del psicoanálisis y la sociología psiquiátrica, el terapeuta comienza a dedicar más tiempo e interés al enfermo mental.     Es Freud, quien descubre la existencia del inconsciente en el aparato psíquico; por lo tanto es él quien sostiene que la locura puede tener diferentes grados y que la palabra del “loco” debe ser escuchada, para comprenderlo.

En la década del 50 se comienzan a implementar las terapias farmacológicas, produciéndose grandes cambios en el tratamiento de los sujetos que padecen enfermedad mental. Aparecen también el electroshock, la insulina, las lobotomías, etc.

En la década del 60, Goffman devela los contrasentidos terapéuticos de estas instituciones a las que él denomina “instituciones totales”.[4]

Definiciones

Locura es un término popular que tiene  distintos interpretaciones ya que su significado es  abstracto (ejemplo, los locos de amor o de alegría). Parte de que cada persona  tiene las suyas,  son difícilmente demostrables y estigmatizan menos que la enfermedad mental. Que es un término científico-técnico, que margina y posibilita la dominación  legitimando el orden social en que vivimos. Es un concepto paternalista que utilizo la psiquiatría para apropiarse de la locura para poder curar o eliminar este defecto o debilidad (la enfermedad mental) como haga falta.  

 

Estaría bien que explicaran que atributos debemos tener para estar dentro de la norma (normalidad), para saber ya “científicamente”  que tipo de personas  debemos ser por las buenas o convertirnos y corregirnos por las malas. Parece que el ciudadano normal sería algo así; persona con ingresos altos, televisivo, consumista, sumiso, heterosexual, competitivo, demócrata, que trabaja mucho, casado, no extremista y sin desviaciones ni manías, etc.

 

Definición de normalización

Normalización. Pretender y exigir la normalidad es matar la pluralidad, la diferencia. Esto es digno de un pensamiento fascista totalitario. Normalizar no  nos lleva a cuestionar, si esa norma subjetiva y arbitraria es beneficiosa y justa para todos. Ser el ciudadano normal parece partir de supuestos como; respetar las leyes (justas o no), las normas morales (beneficiosas o no para uno y la sociedad), de que la mayoría siempre tiene razón, que de la opresión social es algo justo e inmóvil. Por tanto es un criterio ideológico y político reaccionario. 




La transformación del producto: de la herejía a la enfermedad

A medida que la ética social dominante evolucionaba desde una ética religiosa a otra laica, el problema de la herejía iba desapareciendo, mientras surgía, adquiriendo gran importancia social, el problema de la locura. De la misma manera que antiguamente los clérigos habían fabricado los herejes, los médicos -como nuevos guardianes de la conducta y moralidad sociales- han iniciado la función similar de producir locos. 

 

El paso de una concepción y control de la conducta personal, religiosos y morales a otros médicos-sociales, afecta a toda la disciplina psiquiátrica y a sus ciencias aliadas. Quizás en ningún aspecto es más evidente esta transformación que en la concepción moderna de la llamada desviación sexual y, especialmente, de la homosexualidad. 





 

El nuevo producto: la locura masturbadora

Mientras la naturaleza ni ama ni aborrece el vacío, los hombres sí que detestan los fenómenos sin explicación y los problemas sin solución. 

 

 

 

El concepto de locura se ajustaba perfectamente al papel de sustituto del concepto de brujería. Pero del mismo modo que la brujería debía tener una causa -que se encontraba en el pacto con el demonio-, también la locura debía tener una causa. La cuestión se planteó así: ¿qué era lo que producía la locura y cómo podía ser prevenida y curada? Pues bien , para el tipo de elaboración de teorías que estamos contemplando en este caso -es decir, una teoría completamente táctica y no empírica- es importante que el "agente causal" esté omnipresente: esto capacita al teórico (que en realidad no es más que uno de los encargados de demostrar las normas y valores de la sociedad) para aplicar su explicación a cualquier problema que le plazca, de tal modo que resulte razonable; y le capacita a sí mismo para no aplicar sus explicaciones cuando a él o a sus poderosos agentes, así les parezca.

 

 

Se propuso también la teoría de que la locura se debe  a un acto nefando, la masturbación, la cual era considerada como un acto de perversión, algo antinatural y pecado, por el hecho que no ofrecía posibilidad de concepción.





La expulsión del mal

El paciente mental es víctima propiciatoria de la sociedad . Al sacrificar a algunos de sus miembros, la sociedad intenta "purificarse" a sí misma y conservar su integridad y supervivencia.

La destrucción ritual de hombres y animales es una costumbre predominante entre los pueblos primitivos.

 

La creencia de que podemos traspasar nuestro sentimiento de culpabilidad y nuestros sufrimientos a algún otro ser para que cargue con ellos en sustitución nuestra, es algo familiar a la mente primitiva.

 

Surge de una confusión muy clara entre lo físico y lo mental, lo material y lo inmaterial. Puesto que es posible traspasar una carga de madera, de piedras u otras cosas, de nuestras espaldas a los lomos de otro, el salvaje se imagina que es igualmente posible traspasar la carga de sus dolores y tristezas a otra persona, que las sufra en su lugar. Actúa de acuerdo con esta idea, y el resultado es un número interminable de astucias nada amistosas destinadas a declinar en otro el problema que uno rehúye soportar personalmente.

 

Estas ceremonias tienes al mismo tiempo un carácter médico y religioso; se proponen asegurar la armonía espiritual y la protección contra la enfermedad.

 

 

 

 

 

Locura y Sociedad 


Probablemente este breve resumen aclare pocas cosas al lego. Una idea que seguramente le será más próxima es que el “loco” es una persona irrazonable, que vive fuera de la realidad o en conflicto con ella.

¿A qué realidad nos referimos? No a la realidad natural, sin duda, ya que los psicóticos pueden llegar a llevarse muy bien con la naturaleza y los objetos, sino a la realidad social. Para decirlo de una vez: la sociedad y la cultura se fundan en un cúmulo de acuerdos que constituyen el acervo común, en el que se basan nuestras relaciones y vínculos sociales y que se presentan a nuestros ojos como “naturales” aunque no lo sean. Vamos a intentar explicarnos.

Una persona perteneciente a una cultura que llamamos primitiva posee creencias, hábitos, modos de relación y expresión totalmente adaptados a su cultura y funcionales en ella. Trasladado a una sociedad moderna, esas mismas creencias y conductas se vuelven disfuncionales y aparecen como locas a los ojos de los otros (lo mismo le ocurriría a cualquier sujeto moderno transplantado a una cultura totalmente extraña). El creciente flujo de personas ha hecho que muchos psiquiatras estén familiarizados con este trastorno por trasculturización y lo distingan con facilidad de un trastorno mental.

Por razones no culturales esto puede ocurrirles también a ciertos sujetos, que llamamos psicóticos, que imprevistamente se han separado de las convicciones compartidas en su propia sociedad y grupo para reemplazarlas por otras que les son propias.

Conclusiones

 

Este trabajo de investigación esta realizado en tal modo, para contribuir a lo estipulado por múltiples autores en torno a la polémica que genera el tema.

 

Fueron expuestos varias conceptualizaciones, las cuales dan a conocer la situación en la cual las instituciones y personal medico psiquiátrico, estigmatizaba los síntomas sin motivo de dolencia del  individuo a un trastorno ya definido, y este a tratar en un sentido estricto y de urgencia por el especialista. 

 

 

Este tema, es tanto abarcado desde sus raíces; en tiempos de la inquisición hasta lo que el presente momento en que dichos repudios de la población sigue persistente a causa de las perturbantes secuelas que dejaron las huellas institucionales de poderío en control de las sociedades.

 


 

Referencias Bibliográficas

 

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[1] Galende, Emiliano. “Psicoanálisis y Salud Mental”. Cap. III. Ed. Paidos

[2] Ibid 1.

[3] Ibid 1

[4] Goffman las define como “un lugar de residencia y trabajo, donde un gran número de individuos en igual situación, aislados de la sociedad por un mínimo apreciable de tiempo, comparten en su encierro una rutina diaria administrada formalmente”. Goffman. “Internados”. 1961 Si bien tomamos la definición de Goffman entendemos que los sujetos no están aislados de la sociedad, debido a que las instituciones son parte de la misma y por los tanto no son ajenas a las exigencias del sistema económico, político y social. Con esto queremos decir que no es casual que los sujetos con enfermedades mentales se encuentren al interior de éstas instituciones, es decir que las personas que forman parte de las mismas, son producto del mismo sistema que paulatinamente las ha ido excluyendo.